El razonamiento lógico, el Corán y la Sunnah [Tradición de los Infalibles] condenan el que se invoque al Profeta y a los Imames. Esta es una práctica que hacen los chiitas, y es una práctica hereje que se considera politeísmo.
Quien formula la pregunta primero sostiene que no hay causas en el mundo, ya sean dependientes o independientes. Por lo tanto, niega el principio de causalidad restringiendo la libre voluntad para Dios. Además de contradecir el razonamiento intuitivo, hay dos problemas presentes en este razonamiento.
¿Usted tiene una fe absoluta en toda regla y doctrina islámica? ¿Alguna vez ha considerado la posibilidad de que no sean válidas?
Cualquier regla o doctrina que no provenga del Corán o de la Sunna es injustificada. Los artículos de la Sharia, sin embargo, son totalmente válidos. Se basan en fuentes de gran autoridad. Por lo tanto, no es permisible infringirlos con el pretexto de que son dudosos.
Fuente:EL ISLAM Y EL HOMBRE CONTEMPORANEO, (Conjunto de preguntas realizadas a Al-lamah Tabātabā’i); Editorial Elhame Shargh
¿Cuál es su opinión en cuanto a la pregunta de si se debe reformar la ley islámica? Si usted considera que dicha reforma es posible, ¿no deberían las autoridades religiosas tomar la iniciativa?
En capítulos previos he dado una respuesta completa a esta pregunta, por lo tanto, sólo haré una breve síntesis de lo que dije anteriormente. La Sharia, la irrevocable ley de Dios, es intemporal. Las autoridades religiosas no tienen el derecho de llevar la iniciativa ni de seguir a otros. A este respecto, Dios le dice las siguientes palabras al Noble Profeta:
Si un alfarero hace dos vasijas, una con una sola agarradera y otra con dos, él no puede rechazar la de una sola agarradera por tener sólo una agarradera, ya que él la hizo.
En el Corán, Dios, el Glorificado, aborda el tema del propósito de la creación de la humanidad de dos maneras. Una es utilizando el lenguaje de las personas del común. Bajo este enfoque, Dios se presenta como el Rey Absoluto con soberanía absoluta, haciendo a todos Sus esclavos. Al utilizar este lenguaje, Él caracteriza este mundo como la etapa preparatoria para el otro mundo, el Mundo Eterno.
¿Fue creado el mundo? ¿Cuál era el propósito de su creador? ¿Somos responsables de algunos deberes? Estas preguntas han desconcertado a los seres humanos desde tiempos inmemoriales.
La razón por la que indagamos acerca del propósito de la creación es que cuando realizamos nuestras actividades personales y sociales, nos esforzamos por alcanzar ciertos objetivos e ideales que sirvan a nuestros propósitos: comemos para calmar el hambre; bebemos agua para saciar nuestra sed; nos vestimos para protegernos del clima hostil; hablamos para comunicar nuestras intenciones.
Científicamente es un hecho que luego de la muerte el cuerpo humano se descompone en nitratos y nitrógeno, siguiendo varios procesos naturales; parte de este material es absorbido por el suelo.
La ciencia ha demostrado también que las células de los humanos están renovándose constantemente en el transcurso de su vida; cada cierto tiempo, la totalidad de las células del cuerpo, de la cabeza a los pies, se renuevan; no queda ninguna célula de las anteriores. No obstante, el individuo sigue siendo el mismo, no se ve afectado por la rapidez del cambio que experimenta su cuerpo.
El mal es omnipresente en el mundo; el humano y la bestia por igual, oprimen al más débil en grado sumo.
Antes de dar una respuesta, quisiera hacer una pequeña introducción. El sistema de la creación se basa en el principio de causa y efecto; el cosmos es gobernado por principios existenciales —no por los sentimientos— sin excepción. Por ejemplo, el fuego se caracteriza porque quema lo que sea se ponga en contacto con él, ya sea el vestido de un profeta o el atuendo de un tirano.
¿Por qué se niega la eternidad esencial de la materia [qidam zāti]?
El término eternidad esencial se refiere a un existente libre de las limitaciones de una esencia delimitada. Es imposible que este existente experimente la no-existencia, y por consiguiente no es propenso a cambiar en su esencia, propiedades o estados. Es obvio que la materia no encaja en esta descripción.
En la historia del Profeta Abraham se nos dice que Dios le confirió el estatus del Imamato (él ya era profeta) sólo después de “cumplir con las condiciones” y pasar satisfactoriamente todas las pruebas que le puso.
Cuando Dios le dijo a Abraham: “Te haré guía de la humanidad...”[1], él ya era profeta —uno de los Ulu al—'Azm[2]. Ya le había dado a la humanidad un nuevo libro y una nueva ley divina.