Dios sabe nuestro futuro, así como nuestro presente y nuestro pasado. El conoce lo que haré en el futuro distante, así como lo que estoy haciendo ahora mismo. Él sabía antes de que naciéramos qué curso tomaríamos, después de nuestro nacimiento y en el futuro. Ya que todo es sabido por Él, nuestras acciones deben haber sido predestinadas mucho antes de que naciéramos.
No seríamos capaces de tomar un nuevo curso que no es conocido por Dios, no podríamos tomar un curso el cual Él no haya previsto. Y es así como nuestra incapacidad para tomar el mismo curso que Dios eligió, sería un fracaso en su conocimiento. El conocimiento de Dios nunca falla.