Por la impecabilidad de los Imâmes de la Shî'ah, que todos ellos pertenecen a la familia del Profeta Muhammad (BP), existen numerosos argumentos, pero nosotros nos limitamos aquí a mencionar únicamente uno de ellos.

Según los relatos de los sabios de Ahlî Shî'ah y Ahlî Sunnah, el Mensajero de Dios en sus últimos días de vida dijo:

«إنّی تارکٌ فيکم الثّقلين کتاب الله و أهل بيتی و أنَّهُما لن يفترقا حتّی يردا علیَّ الحوض»

"...dejo entre vosotros dos tesoros: el Libro de Al.lah–refiriéndose al Sagrado Corán–y mi Ahlul Baît –aludiendo a su descendencia y la gente de su casa–, éstos dos no se separarán hasta que vuelvan a mí en el Hd..."[1]

En este hadîz existe un aspecto importante que queremos resaltar; es decir, sin duda aceptamos que el Sagrado Corán está exento de cualquier equivocación y falta, entonces, ¿cómo podemos imaginar que exista un error en la Revelación Divina, mientras que fue Dios, Alabado sea, a través del Ángel de la Revelación quien la envió y el Profeta (BP) quien la recibió?

La pureza de los tres es clara como el día y los musulmanes del mundo consideramos al Mensajero de Dios como propagador, custodiador y portavoz de la Revelación, inmune de cualquier error. Es evidente que si el Libro Sagrado posee tal magnitud de firmeza y veracidad, el Ahlul Baît del Profeta es también inmune a cualquier equivocación, ya que en este hadîz, la familia del Profeta (BP), considerada como guía y conductor de la Ummah, es juzgada a la par del Sagrado Corán y estimada simultáneamente, los dos, en el mismo plano de pureza.

Dicho en otras palabras, nadie, a parte de los Inmaculados (P), puede colocarse simétricamente a la par con el Libro de Dios. No podemos encontrar testigo más claro para demostrar la impecabilidad de los Imâmes, que estas palabras del Profeta (BP):

«لَن يَفتَرِقا حَتی يَرِدا عَلَیَّ الحَوض»

"Estos dos (la guía y el liderazgo)nunca se separarán hasta que vuelvan a mí en la fuente".

En caso de que el Ahlul Baît no estuviese exento de falta alguna y posiblemente en algún momento pudiese errar, entonces se separaría del Sagrado Corán, Libro que no acepta ni la mínima equivocación; mientras que el Mensajero de Dios negó rotundamente la separación de ambos.

Evidentemente, cuando el Profeta (BP) dice Ahlul Baît, no se refiere a todos sus parientes consanguíneos en general, que todos ellos no eran puros de imperfecciones. Sólo un grupo determinado de su descendencia gozaba de este privilegio, es decir, los Imâmes de Ahlul Baît, quienes a lo largo de sus vidas iluminaron el camino de la Ummah, protegiendo la tradición del Profeta (BP) y siendo custodios de las leyes religiosas, la Sharî`ah.

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[1].Mustadrak, Al-Hâkim, tercera parte, p.148,As-Sawâ‘iq ul-Muhriqah, cap. 11, primera parte, p.149, y de igual forma en el Kanz ul ‘Ummâl, primera parte, cap. Al-I‘tisâm bil-Kitâb wa As-Sunnah, p.44.Musnad, Ahmad, quinta parte, p.182 y 189, y otros.




En la vida de un musulmán lo más importante es la oración diaria, que es obligatoria en cinco momentos del día. La oración es el pilar de la religiosidad de una persona. Quiere decir que una perso­na que no reza a Dios no puede edificar una religiosidad, un vínculo pleno y consistente con Dios. Es la práctica por excelencia que nos vincula a Dios. “En El Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso ¡Bienaventurados los creyentes! Que hacen la oración con humildad, Que evitan las palabras vanas. Que dan caridad (zakat)”. (S. Corán: 23:1-4)

La prosternación en la oración musulmana es la forma más her­mosa de rendir culto al Creador y Benefactor. En la prosternación

reconocemos nuestra absoluta dependencia ante El, nuestra absolu­ta necesidad de Él y Su absoluto señorío. ¡Hombres! Vosotros sois to­talmente necesitados de Dios, mientras que El es el Autosuficiente. Se bas­ta a Sí mismo, es el Digno de alabanza. (S. Corán: 35:15)

“La oración es la luz de mis ojos (es mi felicidad)” dijo el Profeta (B.P.D.).

“No es de los nuestros el que descuida su oración” dijo el Imam -líder­- Ya’far As-Sadiq (P), el sexto de los Imames o sucesores de la casa profética.

Otra práctica fundamental es la del zakat -caridad-. A través de ella nos vinculamos al resto de las criaturas, los hombres, los anima­les, las plantas, los recursos del planeta. Relacionarse con los demás dando lo mejor de sí, lo mejor de aquello que hemos recibido por parte de Dios, sea dinero, conocimiento, fuerza, tiempo y ocupación, cuidados, enseñanzas, vida, cuerpo, etc.

Dan de lo que uno tiene, de lo que Dios nos dio, sea lo que sea, es un distintivo del verdadero creyente según lo señala el Sagrado Corán. El Islam ha estipulado un impuesto determinado sobrealgunos bienes para ser redistribuidos en la sociedad pana ayuda social y obras necesarias pana la sociedad. Este impuesto se denomina zakat. Esta palabra en idioma árabe significa purificación, Dios nos enseña que dando nos purificamos y tiene más mérito dan de lo mejor que uno tiene y no lo peor. No alcanzaréis la piedad hasta que deis aquello que amáis. Y Dios conoce bien cualquier cosa que gastáis. (S. Corán: 3:92). Una de las formas del zakat es el impuesto que el musulmán está obligado (si dispone de los medios), a dar al finalizar su mes de ayu­no en el mes de Ramadán. Otras formas tienen que ver con el pago de un porcentaje sobre algunos bienes acumulados como el oro, la plata, el ganado, las cosechas. El gobierno islámico justo es el encargado de recaudar el zakat y redistribuirlo preferentemente entre los pobres o en obras necesarias pana la comunidad.

Si las sociedades fueran gobernadas por los profetas y la gente fuese sumisa a su autoridad evidente y divina, estarían garantizadas las demandas de los pobres y no existirían las carencias que hoy padecen bajo un sistema supuestamente muy moderno y pretendidamente humanitario, másde dos tercios de la humanidad. Si las potencialidades  humanas fuesen bien empleadas y se evitasen los vanos derroches de energíaen fantasía y en producción de armas y sistemas de seguridad y represión, la humanidad gozaría de un bienestar extendido a todas las criaturas.

El ayuno es otra de las prácticas obligatorias. Se observa una vez al año, en el mes de Ramadán, el noveno mes del calendario lunar islámico. Es también una práctica que he recuerda al hombre lasmercedes divinas del alimento, la bebida, el placer sexual y con la cual fortalece su voluntad. Purifica su cuerpo y su alma y la prepara para recibir las bendiciones que deparará el mes sagrado de Ramadán, el mes en el que de acuerdo a la tradición islámica han descendido todas las grandes revelaciones como la Torah, los Sal­mos, el Evangelio y el Corán. Más desapegado de las cosas terrenales, el musulmán se prepara como un asceta consagrado a sintonizar su alma con las bendiciones sutiles y superiores del espíritu. Tam­bién es meritorio, como hacia el Profeta, ayunan durante el resto del año en determinados días.

Otra práctica es la peregrinación (Hayy) a la Casa de Dios, en La Meca (Mákka), en Arabia, que es obligatoria una vez en la vida, siem­pre que haya salud y medios económicos. En ella el musulmán res­ponde a la invitación de Dios Altísimo y deja todo lo suyo pana visi­tan la primera Casa construida en la tierra por el Padre Adán (P) que es la Kaaba (en árabe, cubo) que se encuentra en el centro del santua­rio, situado en esa ciudad. En estos rituales el peregrino rememora las prácticas enseñadas al Profeta Abraham (P). El Hayy es un com­pendio de todas las grandes enseñanzas del Islam y un ejercicio in­dividual, social y político.

El Hayy es a su vez la más extraordinaria congregación que tiene lugar en el mundo de forma ininterrumpida desde hace milenios. Sitio de peregrinaje de todos los grandes profetas y de millones de creyentes todos los años. No existe otra congregación humana se­mejante o comparable. De todas partes del mundo, creyentes en Dios de todas las razas y rincones de la tierra acuden a un lugar en medio del desierto y durante algunos días acampan en un enorme valle donde de acuerdo a la tradición se reencontraron Adán y Eva (P), luego de la expulsión del paraíso y donde fueron perdonados por el Misericordiosísimo. ¡Llama a los hombres a la peregrinación para que vengan a ti a pie o en monturas, venido de todo valle ancho y profundo, para atestiguar los beneficios recibidos y para invocar el nombre de Dios en días determinados sobre las reses de que El les ha proveído!: ¡comed de ellas y alimentad a! mendigo, al pobre!. (S. Corán: 22:27-28)

El Yihad o el máximo esfuerzo interior, por la perfección y desarrollo positivo de la personalidad, la lucha contra el ego y sus tendencias más bajas y reprobables y en defensa contra la agresión de los opresores. El Sagrado Corán prohíbe expresamente la agresión. La idea que el Is­lam promueve una guerra santa para propagar su fe contra los infie­les es absolutamente falsa. El Sagrado Corán prohíbe la imposición en materia de religión. “No cabe coacción en religión. La buena dirección se distingue claramente del descarrío...” (Capitulo 2, versículo 256). “Y llamad al camino de tu Señor con sabiduría y bella exhortación. No discu­táis sino de la mejor manera.” (S. Corán 16:125).

El Islam prescribe el ser bondadoso, útil y beneficioso para los hombres. Dijo el Profeta “El mejor de vosotros es el más beneficioso para los hombres”. El Islam obliga también a encomendar el bien y prohi­bir el mal. El musulmán no puede desentenderse de la sociedad, sus problemas y necesidades. Es responsable del bien común y de in­tentar evitar lo perjudicial para la sociedad. El Profeta comparó la situación del musulmán en medio de la sociedad como la de aquel que navega en un bote y veque alguien comienza a agujerear su base. No puede mantenerse indiferente porque si deja que se extien­da el mal acabará por destruir su propia existencia.

Otras prácticas esenciales son la de la amistad y compañía de los amigos de Dios, los Profetas, los Imames de la Casa Profética, los sabios, los creyentes y piadosos y la enemistad con los enemigos de Dios, de los Profetas y de los hombres.

En definitiva un creyente musulmán, como seguidor de los Pro­fetas, debe hacer el bien en el seno de su propia alma y cuerpo, el de su familia, el del vecindario, en la sociedad y en el mundo. Las prác­ticas mencionadas son una guía para vivir en esta senda.

Sheij Abdulkarim Paz




Los conocimientos más importantes son los que tienen que ver con las preguntas fundamentales del ser humano, quién soy, de dónde vengo y a dónde voy y cómo voy. Los tres principios del Islam son Dios es mi creador y soy un siervo creado por El. Vengo de El, Dios es origen y sustento de la creación y regreso hacia El, día del Juicio seremos juzgados cómo hemos sido en relación a Dios y a los otros seres. Para profundizar la respuesta a estas preguntas y para ser feliz que es en términos humanos el fin de nuestros deseos, Dios eligió a los profetas como Sus representantes para enseñar cómo voy hacia Dios que es la felicidad que busca el ser humano naturalmente. E a través de los profetas y la revelación enseño ell camino a los seres humanos.

Aceptado que Allah es Dios Uno, Creador, Misericordioso, Sabio, Todopoderoso, y que Muhammad es el último profeta y la revelación del Corán la guía de Dios. Hay que empezar el camino de estudiarlo y cumplir con sus preceptos hasta lograr certeza en Su guía y conocimiento. Eso debe hacerse con la ayuda de gente sabia y piadosa, es decir practicante de lo que predica en el grado más elevado aceptable. Entonces Dios lo ayudará.

Que Dios lo ilumine

Sheij Abdul Karim Paz
abdulkarimpaz@gmail.com


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