¿Que comprueba que ‘Alî (P) era merecedor del califato?

Submitted by admin on Tue, 09/05/2017 - 14:56

Respuesta:

No hay duda de que la religión del Islam para sobrevivir y continuar su existencia necesita de un vigilante y administrador, demandando constantemente gente meritoria que haga llegar a la gente los conocimientos y las órdenes de la religión y ponga en práctica las reglas exactas de ésta en la sociedad islámica. De ahí que uno de los propósitos de la creación, es guiar a la gente por el sendero recto, la sabiduría de Dios Compasivo requiere que después del fallecimiento del Profeta Muhammad (BP), para proteger la religión y guiar a la gente, deberá determinar a un líder y no abandonar a la gente en su intelecto limitado que la mayoría de las veces es vencida por los deseos concupiscentes.

La confirmación del liderazgo del Imâm ’Alî (P) es de los debates del imamato especial (imamati jadih), que para comprobarlo no puede beneficiarse directamente del argumento racional, sino que respaldándose en la aleyas y narraciones así como en las transmisiones históricas puede comprobarse el rango del califato y del imamato en la personalidad de ‘Alî (P) después del gran Profeta (BP).

A) Prueba coránica:

En el Generoso Corán hay numerosas aleyas que utilizando narraciones del gran Profeta (BP) sobre el motivo de su revelación, comprueban el imamato de ‘Alî (P). Un ejemplo de estas aleyas que pueden indicarse como prueba son: la aleya de la difusión, la aleya del wilâîah, la aleya de los dotados de autoridad, la aleya de los sinceros.

B) Prueba narrativa:

En las numerosa fuentes de la Escuela Shía y de la Escuela Suni existen innumerables narraciones del gran Profeta (BP) que dicen: “El albacea y sucesor después de mi es ‘Alî Ibn Abî Tâlib (P) y después de él mis dos hijos (nietos) Hasan y Husaîn (P) que otros 9 Imames de las células germinales de Husaîn (P) vendrán sucesivamente”. Claro está, esta narración que mencionamos además de las narraciones que relatan el suceso de Îaum Al-Dâr (día de la invitación general del Profeta), el Hadîz Manzilah , el Hadîz de Gadîr Jum y el Hadîz conocido como Az-Zaqalaîn, o en los hadices donde dijo: “Después de mí vendrán doce califas que a través de ellos la religión se vuelve querida”.

 

¿Es válido el contrato sin determinar el tiempo ni el monto de la dote?

Submitted by admin on Mon, 09/04/2017 - 13:10

Respuesta:

Oficina del Ayatul.lah Jameneî: Si fue representante también para determinar el tiempo y el monto de la dote, no tiene inconveniente, claro está en caso de existir todas las condiciones que una de éstas por precaución obligatoria es el permiso del padre o del ascendente paterno en la mujer virgen.

Oficina del Ayatul.lah Makârim Shîrazî: Si también fue representante en determinar el tiempo y el monto de la dote, y lo hizo, el contrato es correcto.

Oficina del Ayatul.lah Sâfî Golpaîgânî: Si el hombre realizó el contrato matrimonial con la mujer determinando el tiempo y el monto de la dote y contando con la representación por parte de ella, pero la mujer después de un tiempo se enteró que el tiempo y el monto de la dote no fueron lo acordado y acepta, el contrato es correcto.

Ayatul.lah Mahdî Hâdawî Tehrânî: Si usted le dio total representación para que realizara el contrato de matrimonio por el tiempo y monto que él determinase, su contrato es correcto. Y si no le otorgó esa representación el contrato es correcto en caso de que después de enterarse del tiempo y el monto de la dote esté de acuerdo con el contrato y lo firme. Es decir dé permiso y lo acepte.

 

¿Qué actos provocan la invalidez de los actos buenos y adecuados?

Submitted by admin on Sun, 09/03/2017 - 14:52

Respuesta:

El Corán y las narraciones, consideran a la fe en Dios y al alejamiento del politeísmo y de la apostasía como la primera condición de la aceptación de los actos, que sin ésta ningún acto adecuado es aceptado. En la respuesta detallada analizamos aquello que trata respecto a las causas de la destrucción de nuestros actos tales como: dejar de orar, echar en cara el favor en un acto adecuado, estar en descontento por los percances sucedidos y otros. Estos actos tienen raíz en la debilidad de la fe y la creencia de todo corazón que en caso de esforzarnos para proteger nuestra fe, nuestros actos también serán protegidos.