¿En qué forma pueden verse afectada nuestra conducta y nuestro carácter por creer en la resurrección?
¿En qué modo puede esta creencia afectar nuestras relaciones sociales? Estas preguntas surgen debido a que la sociedad humana subsiste por las actividades de sus individuos. Los seres humanos realizan sus actividades con el afán de satisfacer las necesidades en sus vidas. Como al ser humano lo impulsa un fuerte instinto de preservación, para él es un placer enorme conseguir lo que sea lo lleve a cumplir este objetivo. La vida le da fuerza, le da la voluntad de esforzarse sin descanso. Y cuando se encuentra realizando este esfuerzo, a medida que logra sus objetivos, mayor es su entusiasmo en persistir. Esto es lo que le da el impulso a las sociedades, y una vez que ésta se encamina por el camino del progreso, acelera constantemente, cada día aparece un nuevo y más profundo desarrollo. Pensar en la muerte, en el más allá, puede hacer que este progreso haga un alto o se detenga por completo.